|

En la foto: Gustavo Rodríguez, Chino
Villegas, Rolando Lujan (Champas) a los otros no los reconozco

Casi, casi que ya contamos con estas páginas
|
|
|
|

Pronto, Tete, Fabiola, Oskar, Marcelo
Tavel y Katy
*******
|
Mi padre y su
atento servidor |
|
 |
|
|
La foto superior fue rescatada de
un álbum de tantos, añeja y muy ajada muestra la despedida de Nano Villegas,
nombrando a
los que reconozco; Edy Kushida, Lobo, Jacky Galván, Yayo, Gotita mi
primera amiguita en El Alto y la que me presentó en el Rockets Club,
que me disculpen los demás.
La visión y sentimiento de un fotógrafo
Es casi imposible que la obra de cualquier
fotógrafo no sea un poco autobiográfica. Al hacer fotografías no podemos
evitar en ellas el reflejo de nuestras propias vidas, las personas,
lugares y ambientes por los que pasamos acaban formando un diario con
imágenes.

(Leo, Champas y Zorrito
Salinas)
La fotografía se convierte en algo
personal, se transforma en un arte que se muestra sin secretos ante los
ojos de la gente. Fotografiar es una exhibición pública del interior,
una pérdida de intimidad voluntaria, los deseos, gustos, fantasías,
ideas… Todo queda grabado en la película sensible. Parar un momento de
una vida, robar un trozo de historia, da vértigo y miedo. La fotografía
es un testigo sincero y duro, no sabe mentir, no quiere, no le gusta.
Nada se le puede ocultar a la cámara, nada se le escapa.
A veces al mirar mis fotografías vuelvo
atrás como si viajara en una máquina del tiempo, provocándome una
invasión de recuerdos que me causan un fuerte sentimiento de nostalgia,
alegría y dolor. Mezcla explosiva para el corazón.
Entiendo una fotografía como una imagen
con una fuerte carga de autenticidad, que produce en la persona que la
mira, una sensación mágica, se siente identificada con ella. A mí me
pasa continuamente, cada vez que encuentro una fotografía que me atrapa,
en un libro o una exposición, no puedo dejar de darle vueltas a esa
imagen, el modelo o el motivo, la luz, tan deseada y buscada, la
composición siempre exigente… Ese preciso, y a veces precioso momento
para siempre.
Todavía no soy capaz de dar una
explicación de por qué me gusta tanto fotografiar. No lo sé. Mi primera
fotografía la hice en 1977. Un atardecer en el calvario de Copacabana en
Soledad.
Nunca más volveré a realizar una fotografía tan pura. La guardo como un
tesoro.
En la fotografía encontré un medio rápido
para expresarme, una vía de escape, una amiga y una amante. Hoy es una
de las muletas que me aguanta, me sirve de apoyo mientras sigo mi
camino. Ahora cuanto más camino más entiendo. La fotografía me está
ayudando a aceptar lo que no puedo cambiar. Fotografío lo que vivo y lo
que soy, y mientras voy aprendiendo a conocerme. Me muevo por inercia,
con libertad. Busco o encuentro, elijo y tomo decisiones. Me siento
comprometido a dejar una huella, una pequeña herencia.
Gracias a la fotografía he conocido a todo
tipo de gente y condición. Cuando me retrato me doy cuenta de lo
frágiles que somos, de lo expuestos que estamos delante de una cámara.
Me gusta retratar a personas por las que siento curiosidad o simplemente
me atraen, muchas veces, personas que aguantan los golpes hasta el
último asalto, sin caer, sin tirar la toalla.
Siento un gran respeto y admiración por
los fotógrafos veteranos, los que han visto pasar su vida a través del
visor de una cámara, me parecen afortunados.
Popicho
|